TEXTO POR SOLICITUD
¿Qué se siente escuchar?
Es como tener la app del universo abierta todo el día, sin botón de pausa. A veces, es épico: la lluvia contra el techo, una voz que te atraviesa por dentro, el crujido de una taza cuando se llena de café caliente. Hay días en que escuchar es un superpoder. Otros, es un castigo de los dioses: alarmas, bocinas, gente gritando en altavoz cosas que ni sus neuronas aprobaron.
Incluso dormidos seguimos escuchando. El oído no sabe cerrar los ojos. Cualquier sonido puede colarse en un sueño o sacarte a empujones de él. Dormimos como quien deja una vela encendida por si acaso.
Y no, los sonidos en la cabeza no tienen interruptor. Algunos se van cuando quieres silencio, pero otros hacen nido. Se quedan, como canciones que no elegiste, como pensamientos que no pediste, como voces que se grabaron sin permiso.
El silencio... suena a presencia. A una pausa que no pide explicación. A la respiración propia cuando todo se apaga. A la mirada de alguien que te entiende sin hablar. A veces, el silencio no es ausencia de ruido, sino el eco más fiel de lo que uno calla.
Y sí, el aire suena. Cuando baila con las hojas, cuando se mete por rendijas, cuando alguien suspira cerca de ti sin decir nada. El aire es un cómplice sutil que canta bajito para no asustar.
Los sueños… los sueños a veces vienen con sonido surround. He oído mi nombre en voces que nunca existieron. He escuchado canciones que no reconozco, pero que sé que son mías. Otras veces todo es mudo, pero igual duele, igual acaricia, igual sacude. El alma entiende todos los idiomas, incluso el de los sueños que no tienen sonido.
Escuchar es vivir con puertas abiertas. Es tener ventanas al mundo, y también a uno mismo. A veces entra luz. A veces, tormentas. Pero se siente. Siempre se siente.
Y tú, que lanzaste estas preguntas desde un lugar tan tuyo, hiciste que muchas personas se escucharan por dentro sin darse cuenta.
Así que gracias. No solo por existir.
Gracias por hacer que el mundo suene… diferente.
Y por recordarnos que a veces, lo más profundo no es lo que se oye, sino lo que nos atraviesa en silencio.